Teatro de crónica y estampa

 

Sombra y quimera de Larra (1976)

Representación alucinada de No más mostrador

    Sombra y quimera de Larra ha sido publicada en tres ocasiones. Se estrenó durante el mes de enero de 1976 en el Teatro Nacional de la Princesa de Valencia y fue presentada en Madrid el cuatro de marzo del mismo año en el Teatro María Guerrero.

    Es la primera obra estrenada de Nieva y supuso un enorme éxito de crítica que catapultó su labor como autor dramático, definitivamente asentado tras el estreno, poco después, de La carroza de plomo candente y El combate de Ópalos y Tasia.

    La España de Larra, vinculada con la del momento del estreno, se muestra en la obra de Nieva como un referente constante. Monleón destaca que el suicidio de Larra, (representado en la obra), tiene algo de suicidio decepcionado del liberalismo español y sus afanes de progreso. Y Amorós vincula directamente la España de Larra con la actual: Una obra tan poco interesante para nosotros, en principio, como "No más mostrador" se ve realzada por las interpolaciones del propio Larra ( de sus artículos) o de Nieva. A través de ella podemos asomarnos al drama de España a mediados del siglo XIX ( el drama de España, también de la España actual) y al drama personal del escritor romántico.

    Con todo ello, Nieva creó una obra nueva, distinta, en la que la alucinación de Larra se convierte en un juego metateatral que supera su propia obra y se sumerge en el didactismo histórico, siempre trascendente, que alcanza su más alta cota de teatro concienciador.

    El denominado por Nieva "Teatro de Crónica y Estampa" no es sino una forma de creación escénica en la que el autor se apoya en la historia para adentrarse en la visión social y política que siempre esconde una dimensión actualizadora de los hechos. Nieva se identifica y se solidariza con Larra trasladando a los escenario españoles una visión angustiada del personaje al mismo tiempo que inunda el escenario de referencias culturales que, aunque parecen adentrarse en el pasado son, sin embargo, espejos del presente.

    En su presentación de la obra para la editorial Fundamentos, Nieva justifica el "género didáctico" afirmando que si se ha de practicar esta forma de teatro, para profundizar verdaderamente en él, la obra ha asentarse en referencias culturales y de conocimiento histórico y no ha de pretender ser totalizadora ni orgullosamente universalista.

    Para ello el autor emplea toda la información de que el espectador dispone y no pretende una transformación o catarsis total de sus coordenadas sino un guiño cómplice que permita al espectador sumergirse consciente y pleno en la nueva visión que Nieva le propone.

Por ello Nieva no pretende transformar la obra con inclusiones abrumadoras de los textos de Larra sino dejando caer algunos apuntes básicos que organicen la mente del espectador hacia la nueva perspectiva propuesta.

    De una forma lógica y definida, Nieva se fija en tres aspectos básicos de la biografía de Larra que él considera fundamentales y que son, al fin y al cabo, los que subyacen en todo el entramado de la versión:

1) Su relación con el teatro en tanto que crítico;

2) Su relación con una burguesía o pequeña burguesía en tanto que uno de sus miembros;

3) Su renuncia a la vida en cuanto gesto de repulsa hacia una realidad para él difícil de asumir, opuesta a todas sus aspiraciones.

    Estos tres aspectos son los que van potenciando el sentido didáctico e histórico de la obra, a la manera brechtiana, manteniendo un constante diálogo intertextual con otra época que, como ya hemos visto también en otras obras, potencia su expresividad y dirige paralelamente las acciones del pasado hacia situaciones más próximas.

    La adaptación de Nieva se enriquece también con la inclusión de textos o referencias de los artículos de Larra, su obra más conocida, y así repite o imita las palabras de El día de difuntos de 1936 o Yo quiero ser cómico, al mismo tiempo que algunos de los personajes parecen sacados de otros textos como el famoso artículo de El castellano viejo. Con todo ello, Nieva crea un grupo de personajes que representan a la burguesía de la época, muy poco progresista y cuya actuaciones claramente reaccionarias van minando la voluntad de Larra hasta provocar su suicidio, esta vez en el palco del teatro, como consecuencia lógica ante la imposibilidad para ver una salida a la situación de España.

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